Sabra y Shatila: Anatomía de una masacre negada
Un análisis riguroso de los mitos que rodean la masacre de Sabra y Shatila en 1982, desmontando la desinformación sobre la responsabilidad israelí y falangista.

Ideas clave
- La masacre de Sabra y Shatila (16-18 de septiembre de 1982) no fue un simple acto de la guerra civil libanesa, sino una operación facilitada y supervisada por el ejército israelí.
- Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), comandadas por Ariel Sharon, cercaron los campos, iluminaron la escena para los asesinos y conscientemente ignoraron los informes sobre la matanza de civiles.
- Las víctimas no eran 'terroristas', sino entre 1.300 y 3.500 civiles desarmados, principalmente palestinos y chiitas libaneses, incluyendo mujeres, niños y ancianos.
- A pesar de que la comisión israelí Kahan encontró a Ariel Sharon 'personalmente responsable', nadie ha sido jamás procesado o condenado por la masacre, garantizando una impunidad total.
- Los mitos persistentes buscan diluir la responsabilidad del Estado de Israel y presentar la masacre como una tragedia inevitable en lugar de un crimen de guerra con autores claros.
En septiembre de 1982, durante 43 horas, milicias falangistas libanesas, con la aquiescencia y el apoyo logístico del ejército israelí que había invadido Beirut, asesinaron sistemáticamente a cientos, posiblemente miles, de civiles palestinos y libaneses en el campo de refugiados de Shatila y el barrio adyacente de Sabra. Este artículo desmantela los mitos construidos durante décadas para oscurecer la cadena de mando y diluir una responsabilidad que llega hasta los más altos niveles del Estado de Israel.
La memoria de una masacre no es un archivo estático, sino un campo de batalla. En el caso de Sabra y Shatila, la lucha por el relato comenzó incluso antes de que las excavadoras terminaran de sepultar los cuerpos en fosas comunes. Desde el primer momento, se activó una maquinaria de desinformación destinada a ofuscar, a confundir y, en última instancia, a absolver. El objetivo era transformar un crimen de guerra calculado en una "tragedia" caótica, un estallido de violencia sectaria incontrolable del que los actores externos solo fueron testigos impotentes. Cuarenta años después, estas ficciones persisten, repetidas en medios de comunicación, discursos políticos y libros de historia, funcionando como un cortafuegos que protege a los responsables. Desmontar esta arquitectura de la negación no es un ejercicio académico; es un acto de justicia póstuma y una advertencia sobre la impunidad.
Hechos clave
- Fecha y lugar: 16-18 de septiembre de 1982. Barrio de Sabra y campo de refugiados de Shatila, Beirut Oeste (Líbano).
- Víctimas: Estimaciones de fuentes creíbles sitúan el número de muertos entre 1.300 y 3.500 civiles desarmados.
- Perpetradores directos: Milicias de las Fuerzas Libanesas (falangistas cristianos), lideradas en el terreno por Elie Hobeika.
- Responsabilidad clave: Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), que controlaban el perímetro de los campos bajo la autoridad del Ministro de Defensa Ariel Sharon.
- Contexto: La invasión israelí del Líbano de 1982, denominada "Operación Paz para Galilea".
- Resultado legal: Impunidad total. Ningún individuo ha sido procesado o condenado por los asesinatos.
Mito: La masacre fue un episodio más de la violencia interna de la guerra civil libanesa.
El argumento: Esta narrativa presenta la matanza como un acto de venganza entre facciones libanesas —cristianos contra musulmanes/palestinos—, un lamentable pero predecible estallido de odio sectario en el que Israel no tuvo parte.
La evidencia: La masacre no pudo haber ocurrido sin la intervención activa del ejército israelí. Días antes, el 15 de septiembre, las FDI rompieron un alto el fuego mediado por Estados Unidos y ocuparon Beirut Oeste, rodeando y sellando herméticamente los campos de Sabra y Shatila. Ninguna persona podía entrar o salir sin el permiso israelí. Fue el alto mando de las FDI quien tomó la decisión de enviar a sus aliados, las milicias falangistas, al interior de los campos. La guerra civil libanesa fue el escenario, pero la acción fue autorizada, habilitada y supervisada por una fuerza de ocupación externa.
Veredicto: Falso.
Mito: Las fuerzas israelíes no supieron de la matanza hasta que terminó.
El argumento: Según esta versión, los soldados y mandos israelíes que rodeaban los campos creían que se estaba llevando a cabo una operación militar legítima contra terroristas y fueron sorprendidos por la revelación posterior de la masacre de civiles.
La evidencia: Esto es una falsedad demostrada. El ejército israelí mantenía un puesto de mando en la azotea de un edificio de siete plantas que dominaba Shatila. Desde allí, los oficiales, incluido el general Amos Yaron, tenían una visión directa de los campos. Durante las 43 horas que duró la masacre, recibieron múltiples informes de sus propios soldados y oficiales sobre el asesinato de mujeres y niños. Un oficial de enlace falangista informó a su contacto israelí la noche del jueves 16 de septiembre: "Hasta ahora, 300 civiles y terroristas han sido asesinados". A pesar de estas alertas tempranas, el alto mando israelí no solo no detuvo la matanza, sino que ordenó a sus fuerzas disparar bengalas durante las noches del 16 y 17 de septiembre para iluminar los callejones de los campos, facilitando así el trabajo de los asesinos. Esta acción fue confirmada por la propia investigación interna de Israel, la Comisión Kahan.
"Vi a un soldado falangista afilar su cuchillo con una piedra. Le preguntó a un prisionero dónde estaban los terroristas. Cortó las orejas del hombre, le gritó, le hizo decir cosas, y finalmente lo apuñaló con el cuchillo en el pecho y el estómago. Vi cómo mataban a grupos de personas. Disparaban a todos los que se movían". — Testimonio de un superviviente.
Veredicto: Falso.

Mito: El objetivo era encontrar a 2.000 terroristas de la OLP que, supuestamente, se escondían en los campos.
El argumento: La justificación oficial de Israel para enviar a los falangistas fue que, tras la evacuación de la OLP de Beirut, un contingente residual de 2.000 combatientes se había quedado atrás, usando a los civiles como escudos humanos.
La evidencia: La evacuación de los combatientes de la OLP de Beirut había concluido el 1 de septiembre, dos semanas antes de la masacre, bajo la supervisión de una Fuerza Multinacional (estadounidense, francesa e italiana). El acuerdo, negociado por el enviado de EE. UU. Philip Habib, garantizaba la protección de los civiles palestinos que quedaban en los campos. La fuerza multinacional se retiró prematuramente el 10 de septiembre, dejando un vacío de seguridad. La afirmación de Israel sobre "2.000 terroristas" fue un pretexto sin fundamento, utilizado para justificar la invasión de Beirut Oeste y la operación en los campos. Las víctimas de la masacre fueron abrumadoramente civiles desarmados: ancianos, mujeres y niños, así como médicos y enfermeras del hospital de la Media Luna Roja Palestina.
Veredicto: Engañoso.
Mito: Las milicias falangistas actuaron por su cuenta, como una fuerza "canalla".
El argumento: Este mito intenta desvincular al Estado de Israel de los autores materiales, presentando a los falangistas como una entidad independiente e incontrolable que traicionó la confianza israelí.
La evidencia: Las milicias falangistas de las Fuerzas Libanesas eran, en 1982, un ejército subsidiario de Israel. Las FDI los habían armado, entrenado y financiado durante años. La operación en Sabra y Shatila fue planeada en reuniones entre el alto mando israelí y los líderes falangistas. El jefe de inteligencia de las Fuerzas Libanesas, Elie Hobeika, quien dirigió la masacre en el terreno, estaba en constante comunicación por radio con el puesto de mando israelí. Las FDI no solo autorizaron su entrada, sino que les proporcionaron apoyo logístico, incluyendo las ya mencionadas bengalas y, según algunos informes, excavadoras para enterrar a los muertos.

Mito: El asesinato del presidente electo libanés Bachir Gemayel fue la única causa de la masacre.
El argumento: La matanza fue una reacción espontánea y comprensible de los seguidores de Gemayel, líder de las Fuerzas Libanesas, tras su asesinato el 14 de septiembre de 1982.
La evidencia: El asesinato de Gemayel fue el catalizador, no la causa fundamental. Sirvió como el pretexto perfecto para que Ariel Sharon ordenara la invasión de Beirut Oeste y para que los falangistas ejecutaran un plan que ya existía. La retórica de "limpiar" los campos palestinos era común entre los líderes falangistas y algunos de sus aliados israelíes. El deseo de vengar a Gemayel proporcionó la justificación emocional, pero la operación fue una acción militar coordinada, no un estallido de ira popular. De hecho, los líderes falangistas se reunieron con los israelíes después del asesinato para planificar los siguientes pasos, culminando en la decisión de entrar en los campos.
Veredicto: Parcialmente cierto (fue un catalizador, no la causa raíz).
Mito: El número de víctimas fue de unos pocos cientos y se ha exagerado con fines propagandísticos.
El argumento: Los apologistas de la masacre insisten en las cifras más bajas, a menudo citando los 700-800 muertos mencionados por la Comisión Kahan, para minimizar la escala del crimen.
La evidencia: Las cifras varían, pero todas las fuentes creíbles superan con creces el "par de cientos". La propia inteligencia militar israelí estimó inicialmente entre 700 y 800 muertos, una cifra que la Comisión Kahan adoptó pero que se considera una subestimación deliberada. El periodista Robert Fisk, uno de los primeros en entrar en los campos, contó 1.700 cuerpos. El Comité Internacional de la Cruz Roja habló de miles. La historiadora palestina Bayan Nuwayhed al-Hout documentó meticulosamente, por nombre, a 1.397 víctimas. Las estimaciones palestinas, que incluyen a los cientos de "desaparecidos" secuestrados y nunca más vistos, llegan hasta 3.500.

Tabla 1: Estimaciones del número de víctimas
| Fuente | Cifra de víctimas mortales estimada | Notas |
|---|---|---|
| Comisión Kahan (Israel) | 700–800 | Considerada una subestimación significativa por la mayoría de los expertos. |
| Policía libanesa | ~1.200 | Cifra inicial basada en los cuerpos recuperados en los primeros días. |
| Robert Fisk (periodista) | ~1.700 | Basado en su propia investigación como uno de los primeros en la escena. |
| Comité Internacional de la Cruz Roja | Cientos (documentados), con estimaciones de "varios miles" | El CICR se centró en la ayuda y fue cauto con las cifras públicas. |
| Bayan Nuwayhed al-Hout (historiadora) | Mínimo 1.397 | Documentados por nombre, edad y lugar de muerte en su estudio exhaustivo. |
| Fuentes de la OLP y palestinas | 3.000–3.500 | Estimaciones más altas que incluyen a los "desaparecidos". |
Mito: Ariel Sharon fue completamente exonerado.
El argumento: A menudo se afirma que la Comisión Kahan no encontró culpable a Sharon, o que su posterior carrera política (llegó a ser Primer Ministro) demuestra su inocencia.
La evidencia: La Comisión Kahan encontró a Ariel Sharon "personalmente responsable" por ignorar el peligro de una masacre y no tomar las medidas adecuadas para prevenirla. La comisión declaró que Sharon cometió un "grave error" al no tener en cuenta el deseo de venganza de los falangistas. Si bien el término "responsabilidad personal" no es una condena penal, es una acusación política y moral de enorme gravedad. La comisión recomendó su destitución como Ministro de Defensa, cargo del que se vio obligado a dimitir en febrero de 1983. Que pudiera resurgir políticamente años después es un testimonio de la política israelí, no de su inocencia.
"Consideramos que la responsabilidad personal recae en el Ministro de Defensa, Ariel Sharon... Nos ha quedado claro que el Ministro de Defensa cometió un grave error al no prestar atención al peligro de actos de venganza... Estas consideraciones le obligaban a ordenar que se tomaran medidas para evitar o reducir el peligro de una masacre". — Informe de la Comisión Kahan, 7 de febrero de 1983.
Veredicto: Falso.
Gráfico: Comparativa de estimaciones de víctimas mortales
Mito: Fue un acto aberrante, un incidente aislado en la historia militar de Israel.
El argumento: Este planteamiento enmarca la masacre como una anomalía trágica, un punto negro en un historial por lo demás ético del ejército israelí, que no refleja su doctrina ni su práctica habitual.
La evidencia: La masacre de Sabra y Shatila, si bien extrema, no es ajena a un patrón de violencia desproporcionada contra la población civil palestina y libanesa. Puede entenderse en el contexto de la doctrina militar israelí, que en conflictos posteriores se conocería como la "Doctrina Dahiya", teorizada después de la guerra de 2006 en Líbano. Esta doctrina aboga por el uso de una fuerza desproporcionada y la destrucción de infraestructura civil para crear disuasión. La invasión de 1982 en sí misma causó la muerte de unos 19.000 libaneses y palestinos, la gran mayoría civiles. La indiferencia por la vida civil demostrada en Sabra y Shatila es un eco de masacres anteriores, como la de Deir Yassin en 1948, y un presagio de la violencia que se desataría en operaciones futuras en Gaza y Líbano.
Veredicto: Falso.
Mito: La comunidad internacional no hizo nada.
El argumento: A menudo se culpa a la inacción internacional, sugiriendo que el mundo simplemente observó sin reaccionar.
La evidencia: Hubo una condena internacional masiva y casi universal. La Asamblea General de la ONU, el 16 de diciembre de 1982, declaró la masacre un "acto de genocidio". En Israel, la noticia provocó una de las mayores manifestaciones de la historia del país, con unas 400.000 personas exigiendo una investigación (lo que llevó a la creación de la Comisión Kahan). Sin embargo, esta condena moral y política no se tradujo en acciones legales o sanciones efectivas contra Israel o los responsables individuales. Estados Unidos, como principal aliado de Israel, vetó resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU más contundentes. La Fuerza Multinacional que había garantizado la seguridad de los civiles se había retirado días antes, una decisión que el embajador estadounidense en Líbano, Robert Dillon, describiría más tarde como un grave error.
Veredicto: Parcialmente cierto (hubo condena, pero no acción efectiva).
Mito: Se ha hecho justicia.
El argumento: La Comisión Kahan y la dimisión de Sharon se presentan a veces como el cierre del caso, una forma de rendición de cuentas que satisfizo las demandas de justicia.
La evidencia: Esto es quizás el mito más cruel. Ninguna persona ha pasado un solo día en la cárcel por la masacre de miles de civiles. Elie Hobeika, el carnicero en el terreno, se recicló como político en el Líbano de la posguerra. Ariel Sharon, el facilitador principal, alcanzó la cima del poder político en Israel. En 2001, los supervivientes de la masacre presentaron una demanda en Bélgica contra Sharon bajo una ley de jurisdicción universal, pero presiones políticas de Israel y Estados Unidos llevaron a Bélgica a enmendar su ley, cerrando el caso. La impunidad ha sido absoluta y total.

Tabla 2: Cronología de la complicidad israelí (15-18 de septiembre de 1982)
| Fecha y Hora (aprox.) | Evento | Implicación de las FDI |
|---|---|---|
| 15 sep, mañana | Las FDI rompen el alto el fuego y ocupan Beirut Oeste. | Violación del acuerdo de evacuación de la OLP. El Ministro de Defensa Ariel Sharon está en Beirut. |
| 15 sep, tarde | Las FDI cercan y sellan completamente los campos de Sabra y Shatila. | Impiden la huida de civiles y establecen el control total del perímetro. |
| 16 sep, 18:00 | Unos 150 milicianos falangistas entran en los campos. | Las FDI autorizan y coordinan la entrada, con el objetivo declarado de "limpiar terroristas". |
| 16 sep, noche-madrugada | Comienzan los asesinatos en masa. | Las FDI disparan bengalas durante toda la noche para iluminar los callejones para los asesinos. |
| 17 sep, mañana | Oficiales de las FDI en un puesto de observación reciben informes de asesinatos de civiles. | Los mandos superiores, incluido el General Amos Yaron, deciden no intervenir. |
| 17 sep, tarde | Las FDI permiten la entrada de más milicianos y munición en los campos. | Apoyo logístico activo a los perpetradores a pesar de conocer la masacre en curso. |
| 18 sep, 08:00 | Los falangistas se retiran de los campos. | Las FDI ayudan a los milicianos a usar excavadoras para enterrar cuerpos en fosas comunes. |
Cerco militar
Bengalas nocturnas
Comunicaciones ignoradas
Impunidad total
¿Quién se beneficia del mito?
La arquitectura de la negación en torno a Sabra y Shatila sirve a dos actores principales. En primer lugar, y de manera primordial, beneficia al Estado de Israel. Al reformular la masacre como un "asunto libanés" o una "tragedia inevitable", se diluye la responsabilidad directa de sus fuerzas armadas y su cúpula política. Permite presentar a Israel no como un agente activo en un crimen de guerra, sino como un observador desafortunado o, en el peor de los casos, negligente. Esta narrativa es crucial para mantener la imagen internacional de unas "fuerzas de defensa" con un código moral superior, una ficción que no resiste el escrutinio de los hechos en Beirut en 1982.
En segundo lugar, aunque de forma más compleja, los mitos también han servido a los perpetradores libaneses. Al magnificar el papel de Israel —que fue, sin duda, fundamental—, algunos líderes falangistas lograron esconder sus propias responsabilidades criminales bajo el paraguas de la ocupación israelí. En la amnesia selectiva del Líbano de la posguerra, donde una ley de amnistía perdonó la mayoría de los crímenes de la guerra civil, la masacre de Sabra y Shatila se convirtió en un crimen convenientemente atribuido "al otro", al ocupante israelí, permitiendo a asesinos como Elie Hobeika integrarse en el sistema político que emergió de las cenizas.
El beneficiario último de la niebla mitológica es la impunidad. Cuando los hechos se enturbian y la responsabilidad se fragmenta hasta desaparecer, se niega a las víctimas la verdad, y al mundo, la lección. Sabra y Shatila no fue un accidente. Fue una masacre facilitada por una cadena de mando clara que llega hasta la cima de un Estado. Nombrar los hechos y desmantelar los mitos es el único epitafio digno para los miles de asesinados.
Sources & further reading
- Al Jazeera: Sabra and Shatila massacre: What happened in 1982?
- Fisk, Robert. Pity the Nation: The Abduction of Lebanon. Atheneum, 1990.
- Hout, Bayan Nuwayhed. Sabra and Shatila: September 1982. Pluto Press, 2004.
- The Kahan Commission Report (Official Israeli inquiry report, via Israel State Archives)
- Le Monde Diplomatique: Sabra and Shatila, 40 years on
- BBC News: Sabra and Shatila, a massacre in black and white
Preguntas frecuentes
- ¿Qué fue la masacre de Sabra y Shatila?
- Fue el asesinato en masa de entre 1.300 y 3.500 civiles, en su mayoría refugiados palestinos y ciudadanos libaneses chiitas, en el barrio de Sabra y el campo de refugiados de Shatila en Beirut, Líbano. La matanza ocurrió entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982.
- ¿Quién fue el responsable de la masacre de Sabra y Shatila?
- Los autores materiales fueron milicianos de las Fuerzas Libanesas (falangistas cristianos). Sin embargo, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), que controlaban la zona bajo el mando del Ministro de Defensa Ariel Sharon, facilitaron la masacre. Las FDI cercaron los campos, iluminaron la zona para los asesinos y no intervinieron a pesar de tener conocimiento de la matanza de civiles.
- ¿Cuántas personas murieron en Sabra y Shatila?
- No hay una cifra oficial definitiva. Las estimaciones varían considerablemente. La comisión israelí Kahan citó entre 700 y 800 muertes. Sin embargo, la Cruz Roja, periodistas e historiadores sitúan la cifra real mucho más alta, generalmente entre 1.300 y 3.500 víctimas mortales.
- ¿Por qué la masacre sigue siendo un tema tan polémico?
- La controversia persiste debido a los intentos de negar o minimizar la responsabilidad del ejército israelí. Las narrativas revisionistas buscan presentar la masacre como un acto exclusivo de la guerra civil libanesa, ignorando el papel crucial de las FDI como facilitadores. La falta total de justicia para las víctimas también mantiene la herida abierta.
- ¿Hubo alguna consecuencia legal por la masacre?
- No. Ningún miembro de las milicias falangistas ni del ejército israelí ha sido jamás procesado o condenado penalmente por la masacre. Ariel Sharon fue forzado a dimitir como Ministro de Defensa tras ser declarado 'personalmente responsable' por una comisión israelí, pero más tarde se convirtió en Primer Ministro de Israel. La impunidad ha sido total.