¿Qué tomó la ciencia europea del resto del mundo?
Cómo Europa convirtió saberes, plantas, objetos y restos humanos de otros pueblos en ciencia, riqueza y prestigio, a menudo sin permiso ni crédito.
Respuesta breve
No existe una cifra única, pero la ciencia europea tomó del resto del mundo sistemas matemáticos, observaciones astronómicas, conocimientos médicos y agrícolas, plantas, animales, mapas, manuscritos, objetos y restos humanos. Entre los siglos XV y XX, imperios, universidades, jardines botánicos, museos y empresas los recopilaron mediante intercambio, traducción y aprendizaje, pero también mediante conquista, esclavitud, expolio, coerción y apropiación sin crédito.
Ideas clave
- La ciencia europea incorporó conocimientos y materiales de África, Asia, América y Oceanía mediante cooperación, traducción, comercio, conquista y saqueo.
- No existe una cifra mundial del expolio científico porque objetos, saberes orales, especímenes, datos y restos humanos requieren mediciones diferentes.
- El Natural History Museum declaró unos 80 millones de especímenes en 2024, pero su colección completa no puede calificarse automáticamente de colonial.
- Las instituciones metropolitanas convirtieron frecuentemente la experiencia de informantes y especialistas locales en publicaciones, prestigio y propiedad sin atribución equivalente.
- Restitución, procedencia transparente, repatriación de restos y reparto de beneficios son respuestas concretas a una historia de extracción desigual.
La respuesta corta: conocimiento, especímenes y autoridad
La ciencia moderna no surgió exclusivamente en Europa. Se asentó sobre tradiciones mesopotámicas, egipcias, indias, chinas, islámicas, africanas, americanas y oceánicas, además de la filosofía natural europea. De India procedieron el sistema decimal posicional y el cero; estudiosos del mundo islámico conservaron, criticaron y ampliaron matemáticas, medicina y astronomía; China aportó papel, imprenta, brújula y pólvora; comunidades indígenas guiaron la identificación de plantas, rutas, suelos y tratamientos.
La expansión imperial alteró quién podía convertir esos saberes en propiedad reconocida. Europeos recogieron datos y materiales; instituciones metropolitanas los clasificaron, publicaron y patentaron; informantes, traductores, dibujantes, sanadores, marineros y trabajadores locales quedaron con frecuencia anónimos. Véanse los mecanismos de crédito robado y la forma en que la educación colonial jerarquizó conocimientos.
«Wherever the European has trod, death seems to pursue the aboriginal.» — Charles Darwin, Journal of Researches, 1839.
Darwin describía el resultado de la expansión colonial, aunque él mismo recolectó dentro de sus redes navales. La cuestión no es si todo intercambio fue robo, sino quién controló el acceso, el consentimiento, la atribución, la custodia y los beneficios.
La evidencia: de la botánica a los cuerpos humanos
La bioprospección produjo fortunas. Pueblos andinos conocían la corteza de quina contra las fiebres antes de que los jesuitas la difundieran en Europa durante la década de 1630. En 1860, Clements Markham trasladó semillas de Cinchona desde los Andes a posesiones británicas; las plantaciones neerlandesas de Java dominaron después el mercado de quinina. En 1876, Henry Wickham sacó unas 70.000 semillas de caucho de Brasil para los jardines de Kew; aproximadamente 2.800 germinaron ese año, base del caucho de plantación británico en Asia.
La apropiación fue también intelectual. En 1753, Carl Linnaeus publicó Species Plantarum, estandarizando nombres latinos sobre especies que recolectores y pueblos locales ya distinguían y utilizaban. En Bengala, el cirujano de la Compañía de las Indias Orientales James Wise describió en 1860 una técnica de rinoplastia practicada por especialistas indios; publicaciones europeas solían elevar al observador colonial sobre el practicante.
Los museos revelan la escala material. El British Museum declaró en 2024 alrededor de 8 millones de objetos; el Natural History Museum de Londres, en 2024, unos 80 millones de especímenes. No todos son coloniales ni fueron adquiridos ilícitamente, pero ambos fondos crecieron decisivamente durante el imperio. El Pitt Rivers Museum informó en 2020 de 2.872 restos humanos procedentes de múltiples regiones; el Natural History Museum reconocía en 2011 aproximadamente 20.000 restos humanos.
Qué puede medirse y qué estimaciones existen
No hay un inventario mundial capaz de sumar conocimientos orales, especies, manuscritos, mediciones, objetos y cadáveres. Las cifras disponibles miden categorías distintas y no deben agregarse como si fueran una cuenta única.
| Fuente | Año | Magnitud publicada | Qué mide y qué no |
|---|---|---|---|
| British Museum | 2024 | ≈8 millones de objetos | Colección total; no identifica por sí sola lo saqueado |
| Natural History Museum, Londres | 2024 | ≈80 millones de especímenes | Historia natural; incluye adquisiciones no coloniales |
| Pitt Rivers Museum | 2020 | 2.872 restos humanos | Restos bajo custodia; no todos obtenidos del mismo modo |
| Natural History Museum, Londres | 2011 | ≈20.000 restos humanos | Colección osteológica mundial |
| Sarr y Savoy | 2018 | 90–95% del patrimonio africano fuera de África | Estimación continental discutida, no recuento de objetos |
| Bénédicte Savoy | 2018 | ≈90.000 objetos del África subsahariana en Francia | Estimación de colecciones públicas francesas |
La estimación del 90–95% formulada por Felwine Sarr y Bénédicte Savoy en 2018 expresa una desposesión estructural, pero depende de cómo se definan «patrimonio», «África» y colecciones privadas.
Para el crédito científico tampoco existe total fiable. Kapil Raj mostró en 2007 que el conocimiento colonial fue coproducido mediante intermediarios indios y europeos, mientras Londa Schiebinger documentó en 2004 cómo saberes americanos podían circular y también ser deliberadamente descartados. La ausencia de firmas locales en archivos europeos no demuestra ausencia de contribución: puede ser precisamente el resultado documental de la subordinación.
Quién lo discute y por qué importa la definición de robo
Algunos historiadores rechazan una narración de extracción unilateral porque hubo traducción mutua, agentes locales con iniciativa, compras, regalos y alianzas. También advierten que «ciencia europea» reúne actores rivales y que categorías actuales como propiedad intelectual no regían de igual modo en 1600. Esa cautela mejora el análisis cuando distingue casos; lo debilita cuando convierte la violencia imperial en contexto secundario.
Museos como el British Museum sostienen que sus colecciones fueron adquiridas por vías diversas y que una institución universal permite investigación y acceso comparativo. Los críticos responden que una venta bajo ocupación, una excavación autorizada por un régimen colonial o la recolección de restos sin consentimiento no se vuelven legítimas por cumplir normas impuestas por el conquistador. El caso de los bronces de Benín es inequívoco en su origen: tropas británicas saquearon Benín City en 1897 y dispersaron miles de piezas.
También se disputa el término «descubrimiento». Alexander von Humboldt no descubrió en 1800 el uso del guano ni Richard Evans Schultes descubrió en la década de 1940 las plantas amazónicas que le enseñaron expertos indígenas. Publicaron para audiencias metropolitanas y obtuvieron autoridad institucional. Nombrar a los proveedores no resta valor al análisis científico: reconstruye su producción real y combate el patrón descrito en crédito robado.
Qué se sigue de esta historia
La respuesta no es borrar la ciencia europea, sino corregir archivos, autorías, propiedad y beneficios. Las instituciones deben publicar procedencias completas, identificar expediciones militares y trabajo forzado, permitir investigación por comunidades de origen y financiar restituciones. En restos humanos, el consentimiento y la repatriación deben prevalecer sobre la conveniencia de la colección.
La restitución ya tiene precedentes. Francia devolvió a Benín 26 objetos reales en 2021, tras la recomendación de Sarr y Savoy de 2018. Alemania transfirió a Nigeria la propiedad de 1.130 bronces de Benín en 2022, aunque parte permaneció temporalmente en museos alemanes mediante préstamos. Estos actos no compensan siglos de extracción, pero reconocen que conservación y título jurídico son cuestiones distintas.
En investigación biomédica y botánica, el Convenio sobre la Diversidad Biológica de 1992 y el Protocolo de Nagoya de 2010 establecieron consentimiento previo y reparto de beneficios; Nagoya entró en vigor en 2014. Su aplicación sigue siendo desigual y no repara apropiaciones históricas. Cambiar los currículos de educación, citar a expertos locales y compartir datos, patentes e ingresos son obligaciones materiales, no gestos de cortesía.
Fuentes y lecturas complementarias
- Kapil Raj, Relocating Modern Science (Palgrave Macmillan, 2007)
- Londa Schiebinger, Plants and Empire (Harvard University Press, 2004)
- Felwine Sarr y Bénédicte Savoy, informe sobre restitución, 2018
- Natural History Museum: colecciones y datos
- Convenio sobre la Diversidad Biológica: Protocolo de Nagoya
- Smithsonian, Benin Bronzes: investigación y restitución
Preguntas frecuentes
- ¿La ciencia moderna fue inventada exclusivamente en Europa?
- No. La Revolución Científica europea de los siglos XVI y XVII reorganizó métodos e instituciones, pero utilizó matemáticas indias, astronomía islámica, tecnologías chinas y conocimientos africanos, americanos y oceánicos. Kapil Raj mostró en 2007 que numerosos saberes coloniales fueron coproducidos por europeos e intermediarios asiáticos, aunque la publicación metropolitana concentró el crédito.
- ¿Cuántos objetos coloniales conservan los museos europeos?
- No existe un total europeo fiable. El British Museum declaró alrededor de 8 millones de objetos en 2024 y Bénédicte Savoy estimó en 2018 unos 90.000 objetos subsaharianos en colecciones públicas francesas. Sarr y Savoy calcularon en 2018 que entre el 90% y el 95% del patrimonio africano estaba fuera de África, cifra discutida por su definición amplia.
- ¿Qué conocimientos medicinales tomó Europa de pueblos indígenas?
- Entre los casos mejor documentados figuran la quina andina, difundida en Europa desde la década de 1630; técnicas indias de rinoplastia descritas por cirujanos británicos en 1794 y 1860; y múltiples plantas amazónicas estudiadas por Richard Evans Schultes desde 1941. Los europeos aislaron compuestos y publicaron clasificaciones, pero dependieron de especialistas locales para identificar usos, dosis y entornos.
- ¿Por qué los restos humanos forman parte de esta historia?
- Porque anatomistas, antropólogos y museos reunieron cuerpos bajo esclavitud, ocupación y desigualdad racial, a menudo sin consentimiento. El Pitt Rivers Museum informó en 2020 de 2.872 restos humanos; el Natural History Museum de Londres reconocía alrededor de 20.000 en 2011. Esas colecciones sustentaron investigación, pero también tipologías raciales y exhibiciones deshumanizadoras.
- ¿Qué medidas pueden reparar la extracción científica colonial?
- Las medidas incluyen investigar procedencias, restituir objetos, repatriar restos, reconocer autores locales y repartir beneficios de datos y recursos genéticos. Francia devolvió 26 objetos a Benín en 2021 y Alemania transfirió a Nigeria 1.130 bronces en 2022. El Protocolo de Nagoya, adoptado en 2010 y vigente desde 2014, exige consentimiento previo y distribución justa de beneficios.
Capítulos relacionados
Preguntas
- ¿Causó Gran Bretaña la hambruna de Bengala de 1943?
- ¿Usó Francia la tortura en Argelia?
- ¿Cómo dividió África la Conferencia de Berlín?
- ¿Cómo gobernó la VOC neerlandesa Indonesia?
- Cómo la deuda mantiene pobres a las antiguas colonias
- ¿Cómo se estructura hoy el racismo?
- ¿Cuántos indígenas murieron en América después de 1492?
- ¿Cuántas personas murieron en el Estado Libre del Congo?
- ¿Cuántas personas fueron llevadas en la trata atlántica?
Fuentes y lecturas
CC BY 4.0 ·